En la Pedagogía actual cada vez
se hace más hincapié en la idea de que el alumno/a ha de jugar un papel activo
en su propio aprendizaje, ajustándolo de acuerdo con sus necesidades y objetivos
personales. Por tanto, se aboga por introducir estrategias de aprendizaje en el
currículum escolar, para que el alumnado se beneficie aprendiendo a utilizarlas
desde los primeros años de la escolarización. Y serán a los docentes a los que
se le encomendará la tarea de "enseñar a aprender", y al alumnado a
"aprender a aprender".
La palabra aprendizaje no siempre
ha contado con una definición clara. Se ha pasado de una concepción conductista
del aprendizaje a una visión del aprendizaje donde cada vez se incorporan más
componentes cognitivos. Y aunque existen tantos conceptos de aprendizaje como
teorías elaboradas para explicarlo, se podría afirmar que el aprendizaje sería
"un cambio más o menos permanente de conducta que se produce como
resultado de la práctica" (Kimble, 1971; Beltrán, 1984, citado en Beltrán,
1993). Y las estrategias de aprendizaje serían aquellos procesos o técnicas que
ayudan a realizar una tarea de forma idónea. Esta definición tan global la
aclara Nisbet y Shucksmith (1987) y serían "las secuencias integradas de procedimientos
o actividades que se eligen con el propósito de facilitar la adquisición, el
almacenaje y/o la utilización de información o conocimiento", de tal
manera que el dominar las estrategias de aprendizaje permite al alumnado
planificar u organizar sus propias actividades de aprendizaje. Estos mismos
autores, además hacen dos afirmaciones muy importantes, y son:
El aprendizaje más importante
es aprender a aprender: la mayoría de las personas adultas no han aprendido
estrategias de aprendizaje porque nadie se las ha enseñado, de tal forma que cuando
han de enfrentarse a una tarea nueva, el método que utilizan es el que siempre intuitivamente
han utilizado, lo que consecuentemente hace que muy pocos sepan abordarla, además
el esfuerzo será mayor.
Aprender a aprender es importante
en nuestros días para las personas adultas, ya que en una sociedad como la
nuestra donde permanentemente estamos bombardeados de información, es necesario saber organizar esta información,
seleccionar lo más importante, saber utilizar más tarde ese conocimiento, etc.
Estas tareas requieren tener asimiladas una serie de estrategias y su puesta en
práctica.
Así pues aprender a aprender
sería el procedimiento personal más adecuado para adquirir un conocimiento. El
MEC (1989, DCB de Enseñanza Primaria, pág. 31) afirma que "los principios psicopedagógicos
que subyacen en el DCB se enmarcan en una concepción constructivista del aprendizaje
escolar". Ello supone impulsar el aprender a aprender, como una forma de acercamiento
a los hechos, principios y conceptos. Por tanto aprender a aprender implica:
·
El aprendizaje y uso adecuado de estrategias
cognitivas.
·
El aprendizaje y uso adecuado de estrategias metacognitivas.
·
El aprendizaje y uso adecuado de modelos conceptuales
(andamios del aprendizaje y del pensamiento).
Desde esta perspectiva el aprender
a aprender supone dotar al individuo de "herramientas para aprender" y de este modo desarrollar
su potencial de aprendizaje (las posibilidades del aprendizaje que posee).
El conocimiento más importante
es el conocimiento de uno mismo, o "metacognición": esto implica el
conocimiento sobre el propio funcionamiento psicológico, es este caso, sobre el
aprendizaje. Es decir, ser conscientes de lo que se está haciendo, de tal
manera, que el sujeto pueda controlar eficazmente sus propios procesos mentales.
Por tanto al alumnado no sólo habrá que enseñarle unas técnicas eficaces para
el estudio, sino que también deberá tener un cierto conocimiento sobre sus
propios procesos de aprendizaje. La vía fundamental para la adquisición de ese
metaconocimiento será la reflexión sobre la propia práctica en el contexto.
El objetivo último de las
estrategias de aprendizaje es "enseñar a pensar", lo que induce a la consideración
de que no deben reducirse a unos conocimientos marginales, sino que deben
formar parte integrante del propio currículum.
Lo que finalmente se pretende es
educar al alumnado para lograr su autonomía, independencia, y juicio
crítico, y todo ello mediatizado por un gran sentido de la reflexión.
Los docentes deben desarrollar en su alumnado la capacidad de reflexionar críticamente
sobre sus propios hechos, y por tanto, sobre su propio aprendizaje, de tal
manera que la persona logre mejorar su práctica en el aprendizaje diario,
convirtiendo esta tarea en una aventura personal en la que a la par que descubre
el mundo del entorno, profundiza en la exploración y conocimiento de su propia personalidad.


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